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Freud y el Diablo
La historia del Diablo coincide con la
historia del miedo y angustias propias de los psiquismos personales. La
creencia en el Diablo representa en gran parte la exteriorización de dos
series de deseos removidos derivados del complejo infantil de Edipo, el
deseo de imitar algunos aspectos de la figura paterna y el deseo de
desafiar al padre. En tal creencia se implica, por consiguiente, la
emulación y la hostilidad, como componentes ambiguos de la relación con el
padre. Se da aquí una identidad originaria de Dios y del Diablo, como dos
aspectos de la misma realidad míticamente advertida en sus contradicciones
opositoras, que se pueden estudiar en diversos contextos etno-histórico-religiosos.
El diablo refleja cuatro experiencias psíquicas diversas: el padre por el
cual se siente admiración y de cuya potencia sexual el niño siente envidia
(he aquí, por tanto, la fuerza sexualizada y libídica del demonio); el
padre contra el que se siente una decidida hostilidad y que es, él mismo,
hostil al hijo (de aquí la figura diabólica del pene y portadora de
destrucciones); el hijo que emula al padre, que copia deliberadamente a
Dios (el diablo, simia Dei; el simio o bufón de Dios); el hijo que desafía
al padre, el gran rebelde que se vuelve contra Dios y que es arrojado del
cielo.
"Sabemos, ante todo, que Dios es un
sustituto del padre o, más precisamente, un padre que ha sido ensalzado...
En cuanto al demonio malvado, sabemos que es considerado la antítesis de
Dios aunque siendo, por su naturaleza, muy afín a Dios... No hace falta
una gran perspicacia analítica para argüir que Dios y el diablo fueron
originariamente idénticos; una única figura que, a continuación, fue
escindida en dos figuras dotadas de atributos opuestos... Y este es un
ejemplo del bien conocido proceso por el que una representación, que tiene
un contenido contradictorio (ambivalente) se descompone en dos términos
opuestos en neto contraste entre ellos. De cualquier modo, las
contradicciones específicas concernientes a la naturaleza originaria de
Dios reflejan la ambivalencia que caracteriza la relación de cada uno con
el propio padre personal.
Si el Dios justo y misericordioso es un
sustituto del padre, no hay por qué asombrarse de que también la actitud
hostil ante el padre, por lo cual el hijo lo odia, lo teme y se queja de
él, haya encontrado expresión en la creación de Satanás". |