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Las 48 Leyes del Poder
La sensación de no tener poder sobre la
gente y los eventos es algo que generalmente nos resulta insoportable
—cuando nos sentimos desvalidos nos sentimos miserables. Nadie quiere
menos poder; todo el mundo quiere más. Sin embargo, en el mundo actual, el
parecer ávido y sediento de poder es peligroso, el ser evidente en tu
lucha por el poder. Tenemos que parecer honestos y decentes. Por lo tanto,
necesitamos ser sutiles —congéniales pero astutos, democráticos pero
tortuosos.
Este juego de duplicidad constante se
asemeja a la dinámica de poder que existía en el mundo de las antiguas
cortes aristocráticas. A lo largo de la historia, siempre se formaba una
corte alrededor de la persona que detentaba el poder —rey, reina,
emperador, líder. Los cortesanos que llenaban esta corte estaban en una
posición especialmente delicada: Tenían que servir a sus amos, pero si
parecían adular, si se congraciaban de manera demasiado obvia, los otros
cortesanos lo notarían y actuarían en su contra. Luego, los intentos de
ganarse el favor del amo tenían que ser sutiles. Y aún hasta los más
hábiles cortesanos que eran capaces de tales sutilezas tenían que
protegerse a sí mismos de sus compañeros, quienes en todo momento estaban
intrigando para hacerlos a un lado.
Mientras tanto, se suponía que la corte
representaba el cúlmen del refinamiento y la civilización. La lucha
abierta por el poder era vista con malos ojos; los cortesanos trabajarían
silenciosamente y en secreto contra cualquiera entre ellos que usase la
fuerza. Tal era el dilema de la corte: mientras parecían ser el parangón
de la elegancia, tenían que superar y aplastar a sus enemigos de la manera
más sutil posible. El cortesano exitoso aprendía con el tiempo a hacer
indirectos todos sus movimientos; si apuñalaba a alguien por la espalda,
era con un guante de terciopelo en su mano y en su rostro la más dulce de
las sonrisas. En lugar de utilizar la coerción o la traición descarada, el
cortesano perfecto se abría paso por medio de la seducción, el encanto, el
engaño y la estrategia sutil, planeando siempre, con mucha anticipación,
todos sus movimientos. La vida en la corte era un juego sin fin que
requería vigilancia constante y pensamiento táctico. Era una guerra
civilizada.
Hoy en día encaramos una paradoja
peculiarmente similar a la del cortesano: Todo debe parecer civilizado,
decente, democrático, y limpio. Pero si jugamos según esas reglas, muy
estrictamente, si las tomamos muy al pie de la letra, seremos aplastados
por quienes nos rodean, que no serán tan tontos. Como escribió el gran
diplomático y cortesano Nicolás Maquiavelo, "Cualquier hombre que intente
ser bueno todo el tiempo, entre la mayoría de quienes no lo son, está
condenado a la ruina." La corte creía ser el cúlmen del refinamiento y la
honestidad, pero debajo de su deslumbrante superficie hervía un caldero de
emociones oscuras —codicia, envidia, lujuria, odio. Hoy en día, de manera
similar, nuestro mundo cree ser el pináculo del refinamiento y la
honestidad, y sin embargo las mismas emociones siguen con nosotros, como
siempre lo han hecho. El juego es el mismo. Por fuera, debes parecer
alguien que respetas las delicadezas, pero por dentro, a menos que seas un
tonto, aprendes rápidamente a ser prudente y hacer como aconsejaba
Napoleón. Coloca tu mano de hierro en un guante de terciopelo. Si, como en
los días pasados de las cortes, puedes dominar el arte de ser indirecto,
aprendiendo a seducir, encantar, engañar, y maniobrar sutilmente para
superar a tus oponentes, alcanzarás las cumbres del poder. Serás capaz de
hacer que la gente se incline a tus deseos sin darse cuenta de lo que has
hecho. Y si no se dan cuenta de lo que hayas hecho, no te guardarán
rencor, ni te opondrán resistencia.
Para algunas personas, la idea de
ejercer concientemente juegos de poder —sin importar cuan indirectamente
lo hagan— parece malvada, asocial o, en el mejor de los casos, una
reliquia del pasado. Creen que pueden escapar de dichos juegos
comportándose de formas que no tengan nada que ver con poder. Debes
cuidarte de tales personas, ya que mientras expresan abiertamente
semejantes opiniones, casi siempre se cuentan entre los más adeptos
jugadores de poder. Utilizan estrategias que disfrazan astutamente la
naturaleza de la manipulación que conllevan. Por ejemplo, esta clase de
personas suelen presentar su debilidad y falta de poder como si fuese
algún tipo de virtud moral. Pero la verdadera falta de poder, sin motivo
de interés personal, no hace publicidad de su debilidad para ganar
compasión, simpatía o respeto. Demostrar abiertamente la propia debilidad
es de hecho una estrategia muy efectiva, sutil y engañosa, en el Juego del
Poder.
Otra estrategia bastante utilizada por
este tipo de personas es la de exigir igualdad en todos los aspectos de la
vida. Todos deben ser tratados por igual, sin importar su estatus o su
fuerza. Pero si, para evitar la mácula del poder, intentas tratar a todos
por igual y de una manera justa, tendrás un problema: verás que algunas
personas hacen ciertas cosas mejor que otras. El tratar a todos por igual
implica ignorar sus diferencias, elevando a los menos hábiles y
suprimiendo a quienes sobresalen. Una vez más, muchos de quienes se
comportan de esa manera despliegan otra estrategia de poder,
redistribuyendo las recompensas de otros a quienes ellos determinen.
Otra manera de evitar el juego sería la
franqueza y honestidad perfectas, ya que una de las técnicas principales
de quienes buscan poder es el secreto y el engaño. Pero el ser
perfectamente honesto herirá e insultará —inevitablemente— a muchas
personas que pueden serte valiosas, algunas de las cuales se inclinarán
por devolverte el daño. Nadie verá tu honestidad como algo objetivo y
libre de motivaciones personales. Y tendrán razón: en realidad el utilizar
la honestidad es de hecho una estrategia de poder, que se utiliza para
convencer a la gente del carácter noble, desprendido y de buen corazón que
uno tiene. Es una forma de persuasión y hasta una forma sutil de coerción.
Finalmente, quienes digan no
interesarse por semejantes intrigas pueden afectar un aire de ingenuidad,
para protegerse de la acusación de que están tras el poder.. Una vez más,
estad atentos, ya que la apariencia de ingenuidad puede ser un medio
efectivo de engaño. Incluso la ingenuidad verdadera no está libre de las
trampas del poder. Los niños pueden ser ingenuos de muchas formas, pero
suelen actuar así debido a una necesidad elemental de ganar control sobre
quienes los rodean. Los niños sufren mucho si se sienten impotentes en el
mundo adulto y utilizan cualquier medio que esté a su alcance para salirse
con la suya. La gente verdaderamente ingenua puede jugar al juego del
poder y suelen ser horriblemente efectivos en dicho juego, ya que no se
hallan obstaculizados por la reticencia de otros. Una vez más, quienes dan
grandes muestras de inocencia son los menos inocentes de todos.
Puedes reconocer estos "no jugadores"
por la manera como ventilan sus cualidades morales, su piedad, su
exquisito sentido de la justicia. Pero como todos nosotros estamos
hambrientos de poder, y casi todas nuestras acciones están dirigidas a
conseguirlo, lo que hacen estos los "no jugadores" es tirarnos arena a los
ojos, distrayéndonos de sus juegos de poder con su aire de superioridad
moral. Si los observas de cerca, verás que suelen ser los más hábiles en
el arte de la manipulación indirecta, aún si algunos de ellos lo practican
inconscientemente. Y resienten cualquier publicidad que se haga de las
tácticas que utilizan a diario.
Si el mundo es como una corte
gigantesca y estamos atrapados dentro de ella, de nada sirve tratar de
salirse del juego. Lo único que lograrás con eso será quedar impotente, y
dicha impotencia te hará miserable. En lugar de luchar contra lo
inevitable, en lugar de discutir y quejarte y sentirte culpable, resulta
mucho mejor sobresalir en el juego y ganar poder. De hecho, mientras mejor
seas en el juego del poder, mejor amigo, amante, esposo, esposa, persona
te harás. Siguiendo el camino del cortesano perfecto, aprenderás a hacer
que otros se sientan mejor acerca de sí mismos, convirtiéndote así en
fuente de placer para ellos. Se harán cada vez más dependientes de tus
habilidades y deseosos de tu presencia. Al dominar las 48 leyes del poder,
le ahorrarás a otros la molestia y el dolor causados por chapotear con el
poder —jugando con fuego sin conocer sus propiedades. Si el juego de poder
es inevitable, es mejor ser un artista que un negador o un chapucero..
Para aprender el juego del poder es
necesaria cierta visión del mundo, un cambio de perspectiva. Se requiere
esfuerzo y años de práctica, ya que es probable que muchos aspectos del
juego no llegan de manera natural. También necesitarás ciertas habilidades
básicas, y una vez que domines estas habilidades serás capaz de aplicar
las leyes del poder de una manera más fácil. La más importante de estas
habilidades, y uno de los fundamentos básicos del poder, es la capacidad
de controlar tus emociones. Una respuesta emocional a una situación es la
barrera más grande para alcanzar el poder, un error que puede costarte
mucho más que cualquier satisfacción temporal que puedas obtener
expresando tus emociones. Las emociones nublan la razón, y si no puedes
ver la situación con claridad no podrás prepararte ni responder a ella con
algún grado de control. La ira es la respuesta emocional más destructiva,
ya que es la que más nubla tu percepción de las cosas. También tiene un
efecto distorsionante que invariablemente hace menos controlables las
situaciones y aumenta la resolución de tu enemigo. Si intentas destruir un
enemigo que te ha hecho daño, es mejor mantenerlo fuera de guardia
fingiendo amistad que mostrar tu ira.
El amor y el afecto son potencialmente
destructivos, ya que te ciegan a los intereses egoístas frecuentes de
quienes menos sospechas que juegan un juego de poder. No puedes reprimir
la ira ni el amor o evitar sentirlos y no deberías intentarlo. Pero
deberías ser cuidadoso sobre cómo expresarlos y, lo más importante, nunca
deberían influenciar de ninguna manera tus planes y estrategias.
Algo relacionado al control de tus
emociones es la capacidad de alejarte del momento presente y pensar
objetivamente sobre el pasado y el futuro. Como Jano, la deidad romana de
dos rostros y guardián de todas las puertas y entradas, debes ser capaz de
mirar al mismo tiempo en ambas direcciones, para enfrentar mejor el
peligro, de donde quiera que éste venga. Tal es el rostro que debes crear
para tí mismo —un rostro mirando continuamente al futuro y la otra al
pasado.
Para el futuro, el lema será "Que no
pase un día sin estar alerta". Nada debería tomarte por sorpresa por estar
imaginando constantemente problemas antes que éstos aparezcan. En lugar de
desperdiciar tu tiempo soñando con el final feliz de tu plan, debes obrar
calculando toda permutación y vacíos posibles que puedan emerger. Mientras
más lejos veas, más pasos adelantarás tu plan y más poderoso te volverás.
El otro rostro de Jano mira constantemente al pasado —aunque no para
recordar heridas pasadas o guardar rencores. Eso sólo debilitaría tu
poder. La mitad del juego es aprender cómo olvidar aquellos eventos del
pasado que te devoran y nublan tu razón. El verdadero propósito de la
mirada retrospectiva es el educarte constantemente —miras al pasado para
aprender de quienes estaban antes que tú. (el estudio de la Historia te
será de gran ayuda en este proceso). Luego, habiendo mirado al pasado,
observas más de cerca tus propias acciones y las de tus amigos. Ésta es la
escuela más vital de la que puedas aprender, ya que aprendes de tu
experiencia personal.
Comienzas examinando los errores que
has cometido en el pasado, los que más tropiezos y retrocesos te hayan
causado. Los analizas bajo los términos de las 48 Leyes del Poder, y de
ellos extraes una lección y un juramento: "Nunca repetiré tal error; nunca
caeré en esa trampa de nuevo". Si de esta manera puedes evaluarte y
observarte a tí mismo, puedes aprender a romper los patrones del pasado
—una habilidad invaluable.
El poder requiere la habilidad de jugar
con las apariencias. Para este fin debes aprender a usar muchas máscaras y
mantener una bolsa llena de trucos engañosos. El engaño y el disfraz no
deben ser vistos como algo feo e inmoral. Toda interacción humana requiere
del engaño en muchos niveles y lo que a veces separa a los humanos de los
animales —muchas veces— es nuestra habilidad de mentir y engañar. En los
Mitos Greigos, en el ciclo Hindú del Mahabarata, en la saga Sumeria de
Gilgamesh, el utilizar las artes de engaño es privilegio de los dioses; un
gran hombre, Odiseo por ejemplo, fue juzgado por su habilidad para
rivalizar en astucia con los dioses, robando algo de su poder divino
engañándolos con su sagacidad y engaños. El engaño es un arte avanzado de
la civilización y el arma más potente en el juego del poder.
No podrás tener éxito en el arte del engaño a menos que hagas una
aproximación distanciada de tí mismo —a menos que puedas ser muchas
personas a la vez, usando la máscara necesaria para el día y momento
apropiados. Con una aproximación tan flexible a toda apariencia,
incluyendo la tuya propia, pierdes mucho de la dureza interior que ... Haz
que tu rostro sea tan maleable como el de un actor, trabaja para ocultar
los demás tus propias intenciones, practica el arte de atraer a las
personas a tus trampas. El jugar con las apariencias y el dominio del arte
del engaño se cuentan entre los placeres estéticos de la vida. También son
componentes clave para la adquisición de poder.
Si el engaño es el arma más potente de
tu arsenal, entonces la paciencia es tu escudo más crucial. La paciencia
evitará que hagas metidas de pata estúpidas. La paciencia, al igual que el
dominio de tus emociones, es una habilidad —no es algo innato. Pero nada
del poder es natural, el poder está mas cerca a la divinidad que cualquier
otra cosa en el mundo natural. Y la paciencia es la virtud suprema de los
dioses, quienes lo único que disponen es del tiempo. Todo lo bueno pasará
—si le das tiempo y te adelantas varios pasos en el futuro, la hierba
volverá a crecer. En cambio, la impaciencia sólo te hace ver débil. Es el
impedimento principal de poder.
El poder es esencialmente amoral y una
de las habilidades más importantes que has de adquirir es la capacidad de
ver las circunstancias mucho más allá de buenas o malas. El poder es un
juego —esto no puede repetirse demasiado— y en los juegos no juzgas a tus
oponentes por sus intenciones sino por el efecto que tienen sus acciones.
Calculas su estrategia y su poder por lo que puedes ver y sentir. Cuan a
menudo se hace que las intenciones de alguien se vuelven el meollo del
asunto sólo para confundir y engañar! ¿Qué importa si otro jugador, tu
amigo o rival, tenía buenas intenciones y sólo pensaba en tus intereses,
si los efectos de su acción pueden ser tu ruina y confusión? Es natural
que la gente cubra sus acciones con todo tipo de justificaciones, siempre
suponiendo que han actuado para bien. Debes aprender a reír por dentro
cada vez que escuches a alguien decir esto y procurar jamás ser atrapado
midiendo las intenciones y acciones de otros con un grupo de juicios
morales cuando en realidad son una excusa para la acumulación de poder
Es un juego. Tu oponente se sienta al
otro lado. Ambos se comportan como damas o caballeros, observando las
reglas del juego y no toman nada personalmente. Juegas con tu estrategia y
observas los movimientos de tu oponente con tanta calma como puedas
reunir. Al final, apreciarás la gentileza de quienes juegan con mucho más
que sus buenas y dulces intenciones. Entrena tu ojo para seguir los
resultados de sus movimientos, las circunstancias externas y no te dejes
distraer por otra cosa.
La mitad de tu dominio de poder viene
de lo que no hagas, aquello a lo que no te dejes arrastrar. Para esta
habilidad debes aprender a juzgar las cosas por lo que te cuestan. Como
escribió Nietzsche: "A veces, el valor de una cosa no está en lo que uno
consigue con ella, sino en lo que uno paga por ella —lo que nos cuesta."
Tal vez alcances tu meta, y puede que sea una meta valiosa, pero ¿a qué
precio? Aplica este parámetro a todo, ya sea incluyendo el colaborar con
otros o llegar en su ayuda. Al final, la vida es corta, las oportunidades
son pocas y lo único que tienes es mucha energía para utilizar. Y en este
sentido el tiempo es un factor tan importante como cualquier otro. Nunca
desperdicies un tiempo valioso o tu paz mental en los asuntos de otros
—ese es un precio muy alto para pagar.
El poder es un juego social. Para
aprenderlo y dominarlo, debes desarrollar la capacidad de estudiar y
entender a las personas. Como escribió el pensador y cortesano del s. XVII
Baltasar Gracián: "Muchas personas gastan su tiempo estudiando las
propiedades de las plantas o animales; cuanto más importante sería
estudiar las propiedades de las personas, con las cuales uno debe vivir o
morir!" Para ser un jugador experto debes ser un psicólogo experto. Debes
reconocer las motivaciones y ver a través de la nube de polvo con la que
cada persona envuelve sus acciones. La comprensión de los motivos ocultos
de las personas es el conocimiento más valioso que puedas tener para
adquirir poder. Abre posibilidades infinitas de engaño, seducción y
manipulación.
Las personas son de una complejidad
infinita y puedes pasarte toda una vida observándolos sin llegar a
entenderlos totalmente. Luego, es mucho más importante comenzar con tu
educación ahora mismo. Al hacerlo, debes tener en mente un principio
básico: Nunca discrimines a quién vas a estudiar y en quién has de
confiar. Nunca confíes en alguien por completo y estudia a todo el mundo,
incluyendo a tus amigos y seres queridos.
Finalmente, debes aprender a tomar
siempre el camino menos directo al poder. Disfraza tu astucia. Como una
bola de billar que gira varias veces antes de alcanzar su objetivo, tus
movimientos deben ser planeados y desarrollados de la manera menos obvia.
El entrenarte a tí mismo para ser indirecto, puedes prosperar en la corte
moderna, apareciendo como el parangón de la decencia a la vez que eres un
manipulador consumado.
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