¿Quién Está Ahí?
DENTRO DE LA CÁMARA RITUAL, la
suave luz del brasero hace bien poco para disipar la oscuridad.
Me encuentro ante el Bafomet y
a lo largo de la ceremonia suspendo conscientemente mi
escepticismo en la realidad de Satán y de los infernales demonios
del Averno.
Pero como suele suceder cuando
menos hablo siento la presencia de alguien ahí, alguien escuchando,
alguien observando. Siento un interés benevolente y una extraña
sensación con esta presencia. Mientras continúo realizando el ritual y
me dirijo a Satán, me dirijo a la presencia que siento pero que no
veo. Siempre que termino tal ritual tengo la profunda sensación de
haberme comunicado con alguien y esta comunicación es significativa y
no está atada por las limitaciones impuestas por las palabras que
fueron pronunciadas.
Es más, cuando he tenido estas
experiencias en rituales en grupo, los otros individuos reportan
constantemente la misma sensación de una presencia. Al hablar con
distintos Satanistas me doy cuenta que han sentido esta curiosa
comunicación. Entonces, ¿qué es lo que está sucediendo? Nuestra
religión se basa sólidamente en la duda, no en la fe. Hemos rechazado
deidades externas para así poder reconocer nuestra divinidad personal
en el momento presente. Nos deleitamos en el poder de creer solo
cuando estamos dentro del marco de un ritual, y abandonamos la
creencia una vez que el ritual ha terminado. Encendemos el interruptor
de la razón. Elegimos ser magos, no creyentes.
Sin embargo, en el ritual, esta
experiencia sigue repitiéndose. He ahí la sensación de que hay alguien
en el ritual y que, una vez llamado, ha llegado de visita.
Me he dado cuenta que desde 1966,
quienes han tenido esta experiencia han llegado a dos conclusiones. Lo
rechazan como una mera fantasía —lo cual no tiene nada que ver con la
intensidad de la experiencia —o bien lo toman como una creencia —lo
que ignora la ambigüedad de la experiencia. Me preguntaba si no habría
una tercera opción.
Experimentando con los elementos de
un ritual descubrí que existen varios factores que parecen producir
dicha sensación. El primero es la oscuridad. Cuando he dirigido un
ritual con dos o más velas alumbrando la cámara, no he sentido esta
presencia fantasmal. Si la cámara está débilmente iluminada por una
lámpara de aceite que apenas alumbra o bien si está en una oscuridad
total, entonces sí que siento la presencia de otro. El segundo factor
es la expectativa que hay entre la palabra y la acción.
Cuando inicio el ritual de la
manera apropiada y me dirijo a Satán como si estuviese presente y
escuchando, se da el fenómeno de sentir que hay alguien presente.
Obviamente, todo esto podría
explicarse con la sugestión. La oscuridad de la cámara suaviza las
formas que veo y las hace más difusas, de manera que se activa el
aspecto de mi mente que impone un orden sensorial, para darle sentido
a lo que percibo. Es la misma acción que ejecuta nuestra mente cuando
decimos que nuestros ojos ‘nos engañan’. Un ejemplo de esto sería
cuando vamos conduciendo un auto y apenas podemos distinguir los
objetos que hay en la carretera. Mientras nos acercamos, parece tener
la forma de un animal, hasta que nos aproximamos y nos damos cuenta
que no es más que una caja de cartón. Al suspender mi escepticismo en
el contexto de un ritual, ciertamente estoy entrando en el mundo cuasi
- onírico de la imaginación, donde la mente crea nuestras impresiones.
De esta manera la experiencia podría ser nada más que una forma de
auto hipnosis.
Sin embargo, investigando más a
fondo, me preguntaba exactamente cómo es que soy consciente de la
presencia durante el ritual. Normalmente, no veo cosa alguna (como una
sombra). Tampoco escucho voz alguna o cosa por el estilo. Tampoco hay
olores, ni sabor, ni tacto. Sin embargo, de alguna manera sigo
sintiendo lo mismo. ¿Cómo?
Comencé a experimentar en el
ritual. Invocaba la presencia y entonces (con todo el sentido del
humor posible) me preguntaba cómo diablos sabía que allí estaba dicha
presencia. ¿Qué era esa sensación y cómo sabía de ésta?
En cierto momento decidí que debía
ser esa peculiar sensación de escucha la que podía detectar la
presencia física de los objetos que se hallaban en derredor. Los
ciegos han demostrado tener una notable aplicación de cierto ‘aparato
de sonar’ para sentir la presencia física de objetos y personas a su
alrededor gracias a una sutil percepción de sonidos. Pero me di cuenta
que no sentía que el visitante tuviese una específica ubicación
física. No era tan sencillo.
Finalmente, me di cuenta que hay
una diferencia peculiar entre cómo percibía que estaba solo y cómo
cuando se hallaba presente otra persona. Si estás en una habitación y
entra alguien que es importante para ti (por ejemplo, un amigo) se
activa cierto tipo de ‘interruptor’ físico que puedes sentir. No
sentirás lo mismo si entra alguien que carece de toda importancia y
que no necesita grado alguno de interacción social (como un extraño
que entra a un sitio donde te hallas leyendo un libro). Esta sensación
de socialización, de prepararse a uno mismo para interactuar con otra
persona, era exactamente lo que había estado experimentando como el
fenómeno del visitante.
Sin embargo, ni siquiera esto ha
respondido la pregunta definitiva. Después de todo, ¿estoy sintiendo
esta presencia porque esté en verdad allí o porque he caído presa de
mi propia sugestión?
Y finalmente la respuesta apareció
clara y definida. Debido a que en el ritual la magia es más efectiva
cuando el mago suspende su escepticismo y cree total y completamente
en la realidad mágica de Satán y sus legiones, y ya que tantas
personas sienten esta presencia durante el ritual, entonces la
respuesta es CREERLO... durante el ritual; NO CREERLO... fuera del
ritual.
Tal y como fue descrito en ‘La
Biblia Satánica’ en 1969. |